El caso Boeing 737 Max: Lecciones sobre la importancia de una cultura de calidad sólida

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El caso del Boeing 737 Max ha sido uno de los mayores escándalos de la industria aeronáutica en los últimos años. En octubre de 2018, un avión 737 Max de la aerolínea Lion Air se estrelló en el Mar de Java, matando a las 189 personas a bordo. Cinco meses después, en marzo de 2019, otro avión 737 Max de Ethiopian Airlines se estrelló cerca de Addis Abeba, matando a las 157 personas a bordo. En ambos casos, se identificó un problema técnico en el sistema de control de vuelo del avión, conocido como MCAS, como una de las causas del accidente.

El MCAS, o Sistema de Aumento de Características de Maniobra, es un sistema de software diseñado para evitar que el avión entre en una situación de sobrecarga y perder velocidad, lo que podría llevar a una pérdida de control del avión. El problema radicaba en que el MCAS estaba configurado para recibir datos de un solo sensor, lo que hacía que el sistema pudiera activarse incorrectamente si el sensor fallaba o recibía datos erróneos. Como resultado, el MCAS podía activarse repetidamente y forzar el avión a descender de manera peligrosa.

Tras los accidentes, Boeing enfrentó críticas por no haber detectado el problema técnico del MCAS durante las pruebas de certificación del avión y por no haber proporcionado una formación adecuada a los pilotos sobre cómo manejar el sistema. La compañía también fue acusada de presionar a los reguladores de la aviación para que no realizaran pruebas exhaustivas en el sistema MCAS.

El impacto del caso Boeing en la industria aeronáutica ha sido significativo. Los accidentes llevaron a la prohibición temporal de los vuelos del 737 Max en todo el mundo, y Boeing tuvo que suspender la producción del avión durante varios meses. La compañía también se enfrentó a demandas de los familiares de las víctimas de los accidentes y a la disminución de la confianza del público en la seguridad de sus productos.

Para abordar los problemas del 737 Max, Boeing ha implementado una serie de cambios técnicos en el MCAS, incluyendo la adición de un segundo sensor para proporcionar datos redundantes y la implementación de cambios en el software del sistema. La compañía también ha proporcionado capacitación a los pilotos sobre cómo manejar el MCAS y ha trabajado en estrecha colaboración con los reguladores de la aviación para garantizar que el avión sea seguro para volar.

A pesar de estos esfuerzos, el caso Boeing ha puesto de relieve la necesidad de una mayor transparencia y supervisión en la industria aeronáutica, así como la importancia de que las compañías de aviación y los reguladores colaboren estrechamente para garantizar la seguridad de los pasajeros. A medida que la industria se recupera de los impactos de la pandemia de COVID-19, es probable que la seguridad siga siendo una preocupación clave para los viajeros, y es importante que se tomen medidas adecuadas para garantizar que los aviones sean seguros y confiables.

Cultura que pone a los costos como máxima prioridad

El caso Boeing 737 Max es un ejemplo de cómo las presiones culturales dentro de una empresa pueden tener un impacto significativo en la toma de decisiones técnicas y en la seguridad del producto. En el caso de Boeing, se ha sugerido que la cultura de la empresa se centraba en gran medida en la reducción de costos y en la satisfacción de los accionistas, en lugar de poner la seguridad como la máxima prioridad.

Por ejemplo, se ha informado que la presión para competir con Airbus en el mercado de aviones de un solo pasillo llevó a Boeing a desarrollar el 737 Max como una actualización del modelo anterior, en lugar de una nueva aeronave completamente diseñada desde cero. Además, se ha sugerido que Boeing se apresuró a desarrollar y lanzar el 737 Max al mercado para satisfacer las demandas de los accionistas y de los clientes, sin realizar una evaluación adecuada de los riesgos de seguridad.

En esta cultura de la empresa centrada en la rentabilidad, los empleados de Boeing que planteaban preocupaciones de seguridad o que cuestionaban las decisiones de los altos directivos podrían haber sido ignorados o marginados. En lugar de fomentar una cultura de transparencia y apertura en la que se animara a los empleados a plantear inquietudes legítimas, la cultura de la empresa de Boeing parecía estar más orientada hacia la toma de decisiones rápidas y rentables.

La presión para mantener el liderazgo en el mercado y mantener a los accionistas contentos puede haber contribuido a la falta de transparencia de Boeing con los reguladores de la aviación y la falta de formación adecuada para los pilotos sobre el nuevo sistema de control de vuelo MCAS. También puede haber influido en la toma de decisiones técnicas importantes, como la dependencia del sistema MCAS en un solo sensor de ángulo de ataque, en lugar de contar con múltiples fuentes de datos redundantes.

Costos

El caso del Boeing 737 Max ha sido muy costoso para la compañía, tanto en términos financieros como de reputación. En julio de 2019, Boeing anunció que había reservado un cargo de $4.9 mil millones de dólares para cubrir los costos asociados con el caso del 737 Max, lo que incluía compensaciones a las aerolíneas por los vuelos cancelados, costos de producción adicionales y demandas presentadas por las familias de las víctimas de los accidentes.

Desde entonces, los costos asociados con el caso del 737 Max han seguido aumentando. En enero de 2020, Boeing anunció que suspendería la producción del 737 Max, lo que tuvo un impacto significativo en los ingresos y las ganancias de la compañía. En abril de 2021, Boeing anunció que había llegado a un acuerdo con el Departamento de Justicia de los Estados Unidos para pagar una multa de $2.5 mil millones de dólares para resolver una investigación penal relacionada con el caso del 737 Max.

Además de los costos financieros directos, el caso del 737 Max también ha tenido un impacto significativo en la reputación de Boeing. La confianza del público en la seguridad de los productos de la compañía se ha visto afectada, y Boeing ha tenido que trabajar duro para recuperar la confianza de los clientes y de la industria aeronáutica en general.

Conclusión

El caso Boeing 737 Max es un ejemplo de los costos y riesgos de no tener una cultura de calidad sólida en una organización. Como Philip Crosby argumentó en su libro «La calidad es gratis», la falta de calidad puede ser extremadamente costosa a largo plazo, y la inversión en la mejora de la calidad puede ser esencial para el éxito y la supervivencia de una empresa.

En el caso de Boeing, la falta de una cultura de calidad sólida en la empresa puede haber contribuido al desarrollo del sistema de control de vuelo MCAS defectuoso en el 737 Max y a los accidentes fatales que se produjeron. En lugar de priorizar la seguridad y la calidad del producto, la compañía parecía estar más enfocada en la rentabilidad y en la competencia en el mercado, lo que pudo haber llevado a decisiones de diseño cuestionables y a una falta de transparencia con los reguladores y el público.

Si Boeing hubiera tenido una cultura de calidad sólida, en la que se valorara la transparencia, la comunicación abierta y la priorización de la seguridad del producto, es posible que los problemas con el MCAS se hubieran detectado y solucionado antes de que los accidentes ocurrieran. Además, una cultura de calidad sólida puede haber ayudado a Boeing a recuperar la confianza del público y de la industria más rápidamente después de los accidentes.

El caso Boeing 737 Max es un ejemplo de los costos y riesgos de no tener una cultura de calidad sólida en una organización. Como sugiere Philip Crosby en «La calidad es gratis», la inversión en la mejora de la calidad puede ser esencial para el éxito y la supervivencia de una empresa, y la seguridad y calidad del producto deben ser siempre una prioridad.

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